El cambio climático es uno de los problemas más severos al que se enfrenta la humanidad. Se manifiesta por el aumento en la temperatura del planeta y se debe al incremento en los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano al quemar petróleo y carbono para el transporte y producción de energía, así como, a la deforestación e incendios forestales. Los avances en la investigación del cambio climático y las crecientes evidencias de sus graves peligros ambientales, sociales y económicos, han obligado a que en los últimos años los gobiernos del mundo lo incorporen en sus agendas. Pero, ¿Cómo combatir el cambio climático? Los bosques y selvas pueden ser una manera de mitigarlo.

José Antonio Benjamín Ordóñez
Biólogo por la Facultad de Ciencias de UNAM y Doctor en Ciencias Biomédicas, Instituto de Ecología de la misma institución, Evaluador Acreditado por del fondo FONSEC SEMARNAT. Ha publicado varios libros y artículos.

Las biznagas son plantas de forma columnar-corta, de la familia de las cactáceas que crecen en zonas áridas. Algunas especies se han empleado en la gastronomía nacional para elaborar dulces como el llamado “acitrón” que se emplea para adornar las roscas de reyes, en los chiles en nogada y otros platillos. Sin embargo, la gran demanda de acitrón pone en riesgo a las poblaciones naturales de esta cactácea, ya que su crecimiento es muy lento y las zonas en que crece están continuamente transformadas por el ser humano. Frente a este panorama es necesario investigar y lograr el cultivo de biznagas.
Cecilia Leonor Jiménez Sierra es Doctora en Ciencias (Biología) Licenciatura de Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana y la Maestría y el Doctorado en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Profesora-Investigadora del Departamento de Biología (Área de Ecología) en la Universidad Autónoma Metropolitana -Unidad Iztapalapa, Cuenta con 54 publicaciones científicas y de divulgación y es coautora de varios libros científicos sobre el uso tradicional de recursos y bioconservación.

Los manglares son uno de los ecosistemas más interesantes por su biodiversidad, así como por sus interacciones entre microorganismos, plantas y animales. Proporcionan protección a los ecosistemas terrestres como los huracanes. Para evaluar el grado de contaminación de manglares por actividades humanas, se pueden utilizar los indicadores microbiológicos, como las bacterias coliformes, lo que permitirá hacer propuestas de conservación de esos ecosistemas

Guadalupe Virginia Nevárez Moorillón es Química Bacterióloga Parasitóloga, con un Doctorado en Microbiología por la Universidad del Norte de Texas. Ha obtenido dos veces el Premio Chihuahua (1999 y 2011), así como del Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Alimentos (2006). En el 2016, el Congreso del Estado de Chihuahua la reconoció como Chihuahuense Distinguida

El guajolote o pavo doméstico tiene su centro de origen y de domesticación en México. A la llegada de los españoles era una especie de uso común para las culturas existentes, por lo que se asume que el conocimiento sobre su crianza, alimentación y reproducción es milenario. Las comunidades indígenas y campesinas de México se ubican en áreas con muy alta diversidad biológica. El conocimiento que tienen estos grupos humanos de su ambiente y la biodiversidad impacta favorablemente en la conservación de las especies útiles, como el guajolote.

Es Biólogo y Dr. en Ciencias por la UNAM: Labora en el Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM. Su línea de investigación es la Etnozoología.

En la zona centro de la Ciudad de México se encuentra uno de los colegios más antiguos de la ciudad. Por más de dos siglos y medio el Colegio Vizcaínas ha sido testigo y actor de la historia de México. Fundada en 1767 por un grupo de vascos que radicaban en México con la finalidad de proteger y educar a niñas huérfanas y viudas. El Colegio sigue siendo una institución de beneficio social, que tiene un gran compromiso con la sociedad, la educación y el medio ambiente
Rocío Téllez Estrada
Bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM con Maestría en Administración de Instituciones Educativas en la Universidad del Valle de México. Es autora de 11 libros de texto para Primaria y Secundaria y ha escrito más de 50 artículos de investigación, docencia y divulgación de las ciencias en diversas revistas. Ha sido profesora en las de 150 cursos presenciales y en línea, asesora pedagógica, Directora y Coordinadora de área y desde 2014 a la fecha es Directora Académica del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas I.A.P., en la Ciudad de México.
Los colibríes son importantes en la cosmovisión de los pueblos indígenas de América, se les ha asociado con deidades de la reproducción, fertilidad, pero también con la guerra, como Huitzilopochtli, el colibrí zurdo, de los mexicas. Los colibríes son importantes ecológicamente, pues polinizan muchas flores en busca del néctar que los alimenta. Todas las especies de colibríes se encuentran amenazadas, por el comercio ilegal, pero sobre todo por la destrucción de sus hábitats. En los últimos años la sociedad ha adquirido el gusto por observarlos y atraerlos a sus casas con bebederos artificiales, pero una alternativa más atractiva y entretenida, que cada día gana más adeptos, es crear jardines para colibríes. Los ciudadanos pueden contribuir con esta y otras acciones a conservar estas hermosas e interesantes aves.
 
María del Coro Arizmendi Arriaga. Es Profesora en la Universidad Nacional Autónoma de México, se especializa en la ecología de aves, en especial colibríes y polinización. Ha publicado más de 50 artículos y 6 libros. Coordinó el proyecto Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves de México, y sirvió de base para la creación de la Iniciativa para la Conservación de las Aves de Norte América

El ser humano desde la antigüedad ha empleado algas marinas en su vida cotidiana, principalmente para su alimentación, en la agricultura, ganadería y la medicina tradicional; pero con el paso del tiempo, se han ampliado sus aplicaciones a la industria farmacológica, cosmética y alimentaria. En los mares de México existen algas de gran tamaño, por lo cual se les llama macroalgas, que proporcionan valiosos productos. Buena parte de los ciudadanos desconocen la existencia e importancia de estos organismos. Las macroalgas no solo tienen valor económico, sino ecológico, pues pueden formar majestuosos “bosques” en los océanos, donde se alimentan y habitan peces, focas y otros organismos marinos.

José Luis Godínez Ortega. Biólogo y Maestro en Ciencias por la UNAM. Doctor en Ciencias por el Cinvestav. Curador de la colección de Algas del Herbario Nacional del instituto de Biología de la UNAM.

En la Ciudad de México la biodiversidad vegetal suele pasar desapercibida. Sin embargo, existe una gran variedad de especies vegetales: hierbas, arbustos, enredaderas y árboles que surgen por donde quiera, las encontramos en banquetas, camellones, parques públicos y jardines particulares. Entre esa gran variedad sobresalen las plantas que tienen usos medicinales. Al caminar por diversas colonias de la ciudad se han encontrado más de 130 especies diferentes que tienen reportado algún uso medicinal.

Jesús Miguel Flores Hidalgo. Es biólogo egresado de la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala de la UNAM. Es profesor de nivel secundario, en la Técnica 49 implementó un invernadero de plantas medicinales. Lleva algunos años investigando sobre las plantas medicinales que se encuentran en las calles de la Ciudad de México y ha participado en los talleres de herbolaria que se imparten anualmente en el Museo de Antropología, así como en la creación del Jardín Botánico del mismo museo.

Robert Owen (1816) relacionó el bienestar humano y el estado de la calidad del aire a través de la siguiente frase: “Para obtener y conservar la salud en buen estado, para mantener la felicidad, es necesario aire puro. Las ciudades y fábricas no tienen aire puro, es necesario adoptar medidas para garantizar el aire puro”. Si bien desde esa fecha ha existido un creciente interés en el tema, es importante mencionar, que no es hasta el período posterior a la Segunda Guerra Mundial (1945), y debido a sus efectos en el ambiente, que la necesidad por identificar diferentes fuentes de contaminantes surge oficialmente. Otro de los factores que ha influido es el rápido y desordenado crecimiento urbano y la industrialización. Esto se traduce en un aumento en las fuentes de contaminantes inorgánicos que en algunos casos pueden impactar a la salud de los habitantes de la zona. También es prioritario considerar las partículas orgánicas, también conocidas como bioaerosoles, componentes importantes de la atmósfera, a los cuales no se les brinda suficiente atención. Es por lo antes mencionado, que en la actualidad se han desarrollado numerosos equipos y métodos para monitorear la presencia de contaminantes (orgánicos e inorgánicos) a nivel mundial.
 
Guadalupe Cruz- Bióloga de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y estudiante de la Maestría en Ecología Aplicada con especialidad en Bacteriología. Trabaja con la Dra. María Teresa Núñez Cardona en microbiología enfocada a la identificación de bacterias suspendidas en el aire de la ZMVT.
 
Antonio Lozada- Biólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco y estudiante de la Maestría en Ecología Aplicada con especialidad en Micología. Trabaja con la Dra. María Judith Castellanos Moguel en el monitoreo de propágulos fúngicos presentes en la atmósfera, en especial con el género Cladosporium, organismo fúngico fitopatógeno potencialmente alérgeno y/o producir micosis al ser humano.

El huerto familiar es un modo de producción agrícola tradicional, ecológicamente sustentable. Consiste en la producción de múltiples cultivos en una misma parcela donde se ubica la casa campesina e indígena; principalmente complementan la dieta, pero a menudo generan un ingreso económico adicional, por lo que contribuyen a mantener la seguridad alimentaria. El huerto familiar en México tiene un registro de más de 10,000 años de antigüedad. Nuestro país se encuentra en una de las regiones geográficas con el mayor número de huertos familiares del mundo

María de Jesús Ordoñez es bióloga egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana. Maestra en Ecología por el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB). Doctora en Ciencias por la UNAM, en donde actualmente es investigadora en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplianarias.