El sargazo flotante fue conocido por primera vez en su viaje a las “Indias” en 1492, Cristóbal Colón notificó de unas algas flotando en el “Mar de los Sargazos” (Sargassum fluitans), desconocidas hasta entonces. El Mar de los Sargazos ocupa 4,164,000 km2 en el Mar Atlántico y está formado por algas flotantes de las especies Sargassum natans y S. fluitans. El sargazo flotante proporciona sustrato, refugio y áreas de alimentación para invertebrados, tortugas y peces, 10 de estas especies son endémicas. Existen parches de sargazo flotante desde el Golfo de México hasta el mar abierto; estas islas flotantes están dirigidas por las corrientes. Una teoría preliminar señala que los cambios recientes en los patrones de corrientes superficiales pueden estar desplazando el sargazo hacia nuevas regiones y áreas costeras. Los abundantes arribazones de sargazo que llegan a las playas pueden ser una amenaza, ya que su descomposición tiene efectos negativos en las actividades turísticas y en las pesquerías; además el sargazo pelágico trae especies exóticas alterando el equilibrio a otros ambientes. Durante 2015, se observaron cantidades masivas de sargazo pelágico sobre el Mar Caribe, afectando los recursos acuáticos, la pesca, las costas, el medio acuático y el turismo. Sin embargo, no se puede asegurar que los arribazones provengan del Mar de los Sargazos, ya que hay poblaciones dispersas en el Golfo de México y el Caribe, que podrían haber tenido un crecimiento acelerado y crear un agregado gigante que aunado a la corrientes atípicas podrían haber dirigido esta biomasa a las Playas de Cancún. Instituciones de gobierno nacionales y extranjeras están monitoreando vía satélite este fenómeno con el fin de entender su dinámica y origen. ¿Qué podemos hacer mientras tanto? Limpiar nuestras playas e intentar dar un uso a esta biomasa: Como alimento de animales (harina de algas), extracción de ácido algínico (ficocoloide) y como fertilizante, entre otros. Es urgente estudiar este fenómeno desde un punto de vista interdisciplinario para contestar preguntas como ¿De dónde proviene el sargazo?, ¿Cuál es su biomasa?, ¿Cuál es su duración?, ¿Es un evento local o global?, ¿Cambios en las corrientes?, ¿Causas (contaminación)? Sin duda es un tema que debemos estudiar que nos ayude a entender el fenómeno y sobre todo a predecirlo.

José Luis Godínez Ortega
Biólogo y Maestro en Ciencias egresado de la UNAM y Dr. en Ciencias por el CINVESTAV. Curador de la colección de algas del Herbario Nacional del Instituto de Biología de la UNAM.

El cambio climático es uno de los problemas más severos al que se enfrenta la humanidad. Se manifiesta por el aumento en la temperatura del planeta y se debe al incremento en los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano al quemar petróleo y carbono para el transporte y producción de energía, así como, a la deforestación e incendios forestales. Los avances en la investigación del cambio climático y las crecientes evidencias de sus graves peligros ambientales, sociales y económicos, han obligado a que en los últimos años los gobiernos del mundo lo incorporen en sus agendas. Pero, ¿Cómo combatir el cambio climático? Los bosques y selvas pueden ser una manera de mitigarlo.

José Antonio Benjamín Ordóñez
Biólogo por la Facultad de Ciencias de UNAM y Doctor en Ciencias Biomédicas, Instituto de Ecología de la misma institución, Evaluador Acreditado por del fondo FONSEC SEMARNAT. Ha publicado varios libros y artículos.

El cambio climático es uno de los problemas más severos al que se enfrenta la humanidad. Se manifiesta por el aumento en la temperatura del planeta y se debe al incremento en los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano al quemar petróleo y carbono para el transporte y producción de energía, así como, a la deforestación e incendios forestales. Los avances en la investigación del cambio climático y las crecientes evidencias de sus graves peligros ambientales, sociales y económicos, han obligado a que en los últimos años los gobiernos del mundo lo incorporen en sus agendas. Pero, ¿Cómo combatir el cambio climático? Los bosques y selvas pueden ser una manera de mitigarlo.

José Antonio Benjamín Ordóñez
Biólogo por la Facultad de Ciencias de UNAM y Doctor en Ciencias Biomédicas, Instituto de Ecología de la misma institución, Evaluador Acreditado por del fondo FONSEC SEMARNAT. Ha publicado varios libros y artículos.

Las biznagas son plantas de forma columnar-corta, de la familia de las cactáceas que crecen en zonas áridas. Algunas especies se han empleado en la gastronomía nacional para elaborar dulces como el llamado “acitrón” que se emplea para adornar las roscas de reyes, en los chiles en nogada y otros platillos. Sin embargo, la gran demanda de acitrón pone en riesgo a las poblaciones naturales de esta cactácea, ya que su crecimiento es muy lento y las zonas en que crece están continuamente transformadas por el ser humano. Frente a este panorama es necesario investigar y lograr el cultivo de biznagas.
Cecilia Leonor Jiménez Sierra es Doctora en Ciencias (Biología) Licenciatura de Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana y la Maestría y el Doctorado en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es Profesora-Investigadora del Departamento de Biología (Área de Ecología) en la Universidad Autónoma Metropolitana -Unidad Iztapalapa, Cuenta con 54 publicaciones científicas y de divulgación y es coautora de varios libros científicos sobre el uso tradicional de recursos y bioconservación.

Los manglares son uno de los ecosistemas más interesantes por su biodiversidad, así como por sus interacciones entre microorganismos, plantas y animales. Proporcionan protección a los ecosistemas terrestres como los huracanes. Para evaluar el grado de contaminación de manglares por actividades humanas, se pueden utilizar los indicadores microbiológicos, como las bacterias coliformes, lo que permitirá hacer propuestas de conservación de esos ecosistemas

Guadalupe Virginia Nevárez Moorillón es Química Bacterióloga Parasitóloga, con un Doctorado en Microbiología por la Universidad del Norte de Texas. Ha obtenido dos veces el Premio Chihuahua (1999 y 2011), así como del Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Alimentos (2006). En el 2016, el Congreso del Estado de Chihuahua la reconoció como Chihuahuense Distinguida

El guajolote o pavo doméstico tiene su centro de origen y de domesticación en México. A la llegada de los españoles era una especie de uso común para las culturas existentes, por lo que se asume que el conocimiento sobre su crianza, alimentación y reproducción es milenario. Las comunidades indígenas y campesinas de México se ubican en áreas con muy alta diversidad biológica. El conocimiento que tienen estos grupos humanos de su ambiente y la biodiversidad impacta favorablemente en la conservación de las especies útiles, como el guajolote.

Es Biólogo y Dr. en Ciencias por la UNAM: Labora en el Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM. Su línea de investigación es la Etnozoología.

En la zona centro de la Ciudad de México se encuentra uno de los colegios más antiguos de la ciudad. Por más de dos siglos y medio el Colegio Vizcaínas ha sido testigo y actor de la historia de México. Fundada en 1767 por un grupo de vascos que radicaban en México con la finalidad de proteger y educar a niñas huérfanas y viudas. El Colegio sigue siendo una institución de beneficio social, que tiene un gran compromiso con la sociedad, la educación y el medio ambiente
Rocío Téllez Estrada
Bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM con Maestría en Administración de Instituciones Educativas en la Universidad del Valle de México. Es autora de 11 libros de texto para Primaria y Secundaria y ha escrito más de 50 artículos de investigación, docencia y divulgación de las ciencias en diversas revistas. Ha sido profesora en las de 150 cursos presenciales y en línea, asesora pedagógica, Directora y Coordinadora de área y desde 2014 a la fecha es Directora Académica del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas I.A.P., en la Ciudad de México.
Los colibríes son importantes en la cosmovisión de los pueblos indígenas de América, se les ha asociado con deidades de la reproducción, fertilidad, pero también con la guerra, como Huitzilopochtli, el colibrí zurdo, de los mexicas. Los colibríes son importantes ecológicamente, pues polinizan muchas flores en busca del néctar que los alimenta. Todas las especies de colibríes se encuentran amenazadas, por el comercio ilegal, pero sobre todo por la destrucción de sus hábitats. En los últimos años la sociedad ha adquirido el gusto por observarlos y atraerlos a sus casas con bebederos artificiales, pero una alternativa más atractiva y entretenida, que cada día gana más adeptos, es crear jardines para colibríes. Los ciudadanos pueden contribuir con esta y otras acciones a conservar estas hermosas e interesantes aves.
 
María del Coro Arizmendi Arriaga. Es Profesora en la Universidad Nacional Autónoma de México, se especializa en la ecología de aves, en especial colibríes y polinización. Ha publicado más de 50 artículos y 6 libros. Coordinó el proyecto Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves de México, y sirvió de base para la creación de la Iniciativa para la Conservación de las Aves de Norte América

El ser humano desde la antigüedad ha empleado algas marinas en su vida cotidiana, principalmente para su alimentación, en la agricultura, ganadería y la medicina tradicional; pero con el paso del tiempo, se han ampliado sus aplicaciones a la industria farmacológica, cosmética y alimentaria. En los mares de México existen algas de gran tamaño, por lo cual se les llama macroalgas, que proporcionan valiosos productos. Buena parte de los ciudadanos desconocen la existencia e importancia de estos organismos. Las macroalgas no solo tienen valor económico, sino ecológico, pues pueden formar majestuosos “bosques” en los océanos, donde se alimentan y habitan peces, focas y otros organismos marinos.

José Luis Godínez Ortega. Biólogo y Maestro en Ciencias por la UNAM. Doctor en Ciencias por el Cinvestav. Curador de la colección de Algas del Herbario Nacional del instituto de Biología de la UNAM.

En la Ciudad de México la biodiversidad vegetal suele pasar desapercibida. Sin embargo, existe una gran variedad de especies vegetales: hierbas, arbustos, enredaderas y árboles que surgen por donde quiera, las encontramos en banquetas, camellones, parques públicos y jardines particulares. Entre esa gran variedad sobresalen las plantas que tienen usos medicinales. Al caminar por diversas colonias de la ciudad se han encontrado más de 130 especies diferentes que tienen reportado algún uso medicinal.

Jesús Miguel Flores Hidalgo. Es biólogo egresado de la Facultad de Estudios Superiores de Iztacala de la UNAM. Es profesor de nivel secundario, en la Técnica 49 implementó un invernadero de plantas medicinales. Lleva algunos años investigando sobre las plantas medicinales que se encuentran en las calles de la Ciudad de México y ha participado en los talleres de herbolaria que se imparten anualmente en el Museo de Antropología, así como en la creación del Jardín Botánico del mismo museo.