Desde hace mucho tiempo, el aprendizaje de las ciencias ha constituido un gran problema en nuestra sociedad, en los diferentes niveles educativos y en general en todo el mundo. Vemos como en varios países desarrollados existe una relación directa en las practicas educativas que favorecen la enseñanza de la ciencia y el aprendizaje significativo que logran los alumnos, desde la educación primaria, hasta la universidad, pero en general, existe un paradigma bien establecido que se asocia con la dificultad para aprender ciencias, con respecto a otras disciplinas del conocimiento. Podemos pensar de manera inmediata, que los problemas vienen directamente de la escuela, pero quizá el rol del científico y las estrategias de aprendizaje juegan un papel muy importante en este proceso de comunicación y construcción del conocimiento científico.

Juan Arturo Briones González. Biólogo y Maestro en Docencia por parte de la UNAM. Profesor de didáctica en el posgrado de la misma universidad y en la carrera de biología de la Facultad de Ciencias, así como profesor de asignaturas científicas en Educación Media Superior y es tutor académico de docentes de nuevo ingreso en la Secretaría de Educación Pública.

LA VAINILLA PARTE 2

La vainilla es una orquídea originaria de México y fue descubierta por los totonacos, quienes ya la utilizaban extensamente antes de la llegada de los españoles. Su uso se extendió entre los pueblos prehispánicos, quienes la llamaron xahnat, hasta los aztecas, que le dieron el nombre de tlilxochitl. En el Totonacapan, la vainilla representaba un símbolo cultural. Más allá de su uso como condimento o saborizante, fue un elemento fundamental del comercio de manera similar al cacao y fue uno de los tributos que exigían los aztecas a los pueblos conquistados. Paradójicamente, a través de la historia, los poseedores de la vainilla indígenas campesinos y pequeños productores totonacos no se han visto beneficiados, a pesar de la riqueza que este producto representa.

Dra. Rebeca Menchaca García. Se graduó en la Universidad Veracruzana donde curso la Licenciatura en Biología y la Maestría en Ciencias. Es Doctora en Ciencias (Ecología Tropical) por el Centro de Investigaciones Tropicales (CITRO) de la Universidad Veracruzana, donde actualmente labora como investigadora

Material adicional https://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol22num1/articulos/vainilla/index.html

LA VAINILLA

La vainilla es una orquídea originaria de México y fue descubierta por los totonacos, quienes ya la utilizaban extensamente antes de la llegada de los españoles. Su uso se extendió entre los pueblos prehispánicos, quienes la llamaron xahnat, hasta los aztecas, que le dieron el nombre de tlilxochitl. En el Totonacapan, la vainilla representaba un símbolo cultural. Más allá de su uso como condimento o saborizante, fue un elemento fundamental del comercio de manera similar al cacao y fue uno de los tributos que exigían los aztecas a los pueblos conquistados. Paradójicamente, a través de la historia, los poseedores de la vainilla indígenas campesinos y pequeños productores totonacos no se han visto beneficiados, a pesar de la riqueza que este producto representa.

Dra. Rebeca Menchaca García. Se graduó en la Universidad Veracruzana donde curso la Licenciatura en Biología y la Maestría en Ciencias. Es Doctora en Ciencias (Ecología Tropical) por el Centro de Investigaciones Tropicales (CITRO) de la Universidad Veracruzana, donde actualmente labora como investigadora

México ocupa el segundo lugar dentro de la lista de humedales de importancia internacional (sitios RAMSAR) A escala global estos ambientes son considerados ecosistemas con gran valor ecológico, no sólo por la biodiversidad que los constituye (animales, vegetales y microorganismos), sino por las funciones que cumplen para la humanidad, como la capacidad de regular el ciclo del agua, la absorción y filtración de cantidades considerables de agua, que los convierten en reservas de este recurso.

Humberto Peraza Villarreal, es Ingeniero Agrícola y Maestro en Ciencias por la UNAM. Actualmente labora en el Instituto de Ecología de la misma Universidad. Su línea de trabajo es fisiología vegetal y agroecología.